Alguna vez en nuestras largas o cortas vidas, hemos llegado a tener una idea de poder vivir por y para siempre, poder vivir en todas las grandes capitales del mundo sin preocuparnos de la edad, poder disfrutar de aquella persona que amamos por el resto del tiempo, pero en realidad eso es plenitud, eso es algo que nosotros podríamos disfrutar. ¿La eternidad física es de verdad la mayor esperanza que podría tener un ser humano?
La respuesta es tan simple como la misma pregunta y es “NO”. La razón es muy simple; nosotros como seres humanos y pensantes, podemos ser inmortales y algunos han alcanzado aquella gran plenitud, quizás no de manera fisiológica, no, pero si de manera filosófica y emocional. El llegar a ser inmortal es cosa de todos los días, es cosa de hacer y deshacer todas las cosas que sean buenas y malas, ya que de esa manera las personas que reciban aquel premio de haber formado parte de aquel gran regalo que es compartir y recibir; esa persona por siempre te será agradecido y por siempre te recordada o al menos hasta su muerte.
Aun que llegue la hora de morir de aquella persona, seguirá hablando de tu gran acción, esa persona te ara inmortal y te seguirá dando vida ya que contaran esa historia sus progenitores y se convertirá aquel dicho en una leyenda que será contada por generaciones.
Pero, la verdad es que nosotros no siempre estamos vivos, nosotros vivimos por que somos recordados, nos damos cuenta de que tenemos vida por la simple razón de ser recordados y ser objeto de una conversación, ya que de esa manera sabremos que somos parte de alguien y que ese alguien es parte de nuestra vida.
“La única verdad es que hoy es una madrigada muy solitaria, una madrugada llena de soledad y tristeza, pero aun así no es causa de depresión, pero si de falta de inspiración, agradezco a las personas que lean esto y que dejen un comentario por que esas personas me hacen recordar que aun sigo con vida”.



